Un diagnóstico con contexto.

Revisamos la navegación, el contenido disponible, las pantallas principales y los problemas que ya conoces. Si existen datos de uso, los interpretamos junto con tu experiencia comercial. Una preferencia estética no demuestra por sí sola que una página funcione mal.

Rediseñar sin olvidar lo construido.

Inventariamos las páginas actuales y acordamos qué se conserva, se combina o se elimina. Si cambian las direcciones, preparamos un mapa de redirecciones para las URLs identificadas. La migración debe tener un alcance explícito.

  • Páginas prioritarias y contenidos que necesitan actualización.
  • Accesos a dominio, alojamiento y herramientas existentes.
  • Rutas que reciben contactos o tienen valor comercial.
  • Limitaciones técnicas y licencias que condicionan el cambio.

Una mejora que se pueda explicar.

Relacionamos cada cambio con un problema: una oferta confusa, formularios extensos, información difícil de encontrar o una navegación incómoda en móvil. El diseño visual acompaña esa lógica y refuerza tu identidad.

Lanzamiento y seguimiento.

Acordamos cuándo cambiar la versión, cómo comprobar los recorridos principales y qué hacer si aparece una incidencia. La evolución de las visitas puede depender de muchos factores; no prometemos conservar posiciones o aumentar ventas con solo cambiar el diseño.

¿Puedo mantener el dominio?

Sí, normalmente no es necesario cambiarlo. Revisaremos su gestión y la del correo antes de tocar la configuración.

¿Se aprovechan mis textos?

Se pueden reutilizar los materiales propios que sigan vigentes. Detectamos lo que falta y presupuestamos por separado la producción adicional.