Cuenta tareas, no solo páginas.
Una propuesta puede asumir que facilitas textos listos para publicar; otra puede incluir entrevistas y redacción. Una página de catálogo puede requerir filtros y datos, mientras una página informativa contiene texto e imágenes. Pide ejemplos del alcance.
Mira el coste del siguiente año.
Pregunta por dominio, alojamiento, licencias, mantenimiento y futuras ediciones. Aclara qué cuentas quedan a tu nombre y qué sucede si cancelas el mantenimiento. Un pago inicial reducido puede ir acompañado de obligaciones posteriores que necesitas conocer.
Comprueba cómo se acepta el trabajo.
Debe haber un calendario, rondas de revisión y un criterio para dar por terminada una función. También conviene definir el efecto de retrasos en la entrega de materiales. Un presupuesto sin límites puede acabar generando expectativas incompatibles.
Separa entrega de captación.
Diseñar una web, mantenerla, redactar artículos y gestionar publicidad son trabajos diferentes. Si se promete visibilidad, pregunta qué acciones incluye, cómo se medirán y durante cuánto tiempo. No confundas una instalación de analítica con un servicio de seguimiento.
Conserva una comparación escrita.
Haz una lista de requisitos imprescindibles y envíala a los proveedores. Compara con esa misma lista, pide aclaraciones y decide cuando conozcas el total y las exclusiones. Elige una propuesta que puedas sostener y gestionar después de la publicación.